El empresario acusa al gobierno de la republica de acoso sistemático y persecución fiscal, judicial y política.

13 de Enero 2026

El empresario Ricardo Salinas Pliego presentó un señalamiento formal por presunta persecución política en contra del Gobierno de México ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Este es un movimiento que coloca el conflicto en el ámbito internacional y eleva el nivel del debate público.

De acuerdo con la información difundida, Salinas Pliego sostiene que diversas acciones emprendidas por autoridades mexicanas no obedecen únicamente a criterios legales o administrativos. Más bien, tendrían un trasfondo político, lo que, a su juicio, vulnera derechos fundamentales como la seguridad jurídica, el debido proceso y la libertad de expresión.

El empresario argumenta que la intervención de la CIDH es necesaria para revisar el contexto en el que se han dado estos actos. Además, deben evaluar si existe un patrón que pueda considerarse hostigamiento o persecución por motivos políticos. Algo que, de acreditarse, tendría implicaciones relevantes para el Estado mexicano.

La CIDH es un organismo autónomo del sistema interamericano que analiza denuncias de posibles violaciones a derechos humanos cometidas por Estados miembros. Si bien no emite sentencias judiciales, sus resoluciones, informes y recomendaciones tienen peso político y moral a nivel regional e internacional.

Especialistas en derecho internacional explican que acudir a la CIDH no implica una resolución inmediata. El proceso suele ser largo y técnico, comenzando por la admisión del caso y el análisis de fondo. Eventualmente, la emisión de recomendaciones al Estado involucrado.

Desde el ámbito político, el señalamiento ha generado reacciones encontradas. Mientras algunos consideran que se trata de una estrategia de defensa frente a conflictos con el gobierno federal, otros advierten que llevar el caso a instancias internacionales eleva la presión. Además, amplifica el impacto mediático del conflicto.

Analistas subrayan que este tipo de denuncias también ponen a prueba la imagen internacional de México. Especialmente en materia de respeto a derechos humanos, legalidad y relación entre el poder político y el sector empresarial.

Por su parte, autoridades mexicanas han reiterado en ocasiones similares que las acciones del Estado se rigen por la ley. Y que no existe persecución política. Aunque el caso ahora quedará sujeto al escrutinio de un organismo internacional.

El contexto en el que se presenta la denuncia es relevante, ya que ocurre en un periodo de alta polarización política. En este periodo, los enfrentamientos discursivos entre actores económicos y el gobierno han sido frecuentes y visibles.

Expertos coinciden en que, más allá del desenlace del caso, la decisión de acudir a la CIDH marca un precedente. Esta forma en que conflictos entre empresarios y el Estado pueden trasladarse al plano internacional, tiene efectos en la conversación pública y diplomática.

Para la opinión pública, el proceso abre preguntas sobre los límites entre la fiscalización estatal, la legalidad y el uso político del poder. También sobre el papel de los organismos internacionales como instancias de revisión y contrapeso.

El seguimiento del caso ante la CIDH será clave para conocer si el organismo admite la denuncia y qué alcance tendrá su análisis. Esto en un escenario donde la relación entre poder político, derechos humanos y actores económicos continúa siendo un tema central en México.