Durante 2025, 303 mil 403 personas visitaron las zonas arqueológicas; 171 mil 104 optaron por recorrer museos.

24 de Enero 2026

Las preferencias de quienes visitan Puebla están mostrando un cambio relevante: las zonas arqueológicas concentran mayor interés que los museos como opción principal de turismo cultural. Esta tendencia, identificada a partir del comportamiento de visitantes, abre una reflexión sobre cómo se consume la cultura. Además, invita a pensar cómo se diseñan las estrategias de promoción en el estado.

El fenómeno no implica un desinterés por los museos, sino una inclinación creciente hacia experiencias al aire libre, de contacto directo con el patrimonio histórico y con entornos que combinan cultura, paisaje y recorrido físico.

Zonas arqueológicas como experiencia integral

Las zonas arqueológicas ofrecen algo más que exhibición de piezas: permiten recorrer espacios históricos en su contexto original. También se puede caminar por vestigios prehispánicos y conectar la historia con el territorio. Por ello, para muchos visitantes, esta experiencia resulta más atractiva que los recorridos tradicionales en salas cerradas.

En Puebla, estos espacios se han consolidado como puntos de alto valor turístico. Esto es tanto para visitantes nacionales como extranjeros, que buscan actividades culturales vinculadas a la identidad y al pasado prehispánico de la región.

Museos frente a nuevos hábitos culturales

Los museos, por su parte, enfrentan el reto de adaptarse a públicos con hábitos distintos. La preferencia por zonas arqueológicas refleja cambios en la forma de consumir cultura. Además, muestra mayor interés por experiencias dinámicas, recorridos flexibles y actividades que integren lo educativo con lo recreativo.

Este comportamiento también está influido por factores como el clima, el turismo de fin de semana y la búsqueda de opciones que permitan convivir en espacios abiertos.

Implicaciones para la política cultural y turística

La tendencia plantea desafíos y oportunidades para las autoridades culturales y turísticas. Por un lado, refuerza la importancia de invertir en la conservación, señalización y servicios de las zonas arqueológicas. Por otro, invita a repensar la oferta museística para hacerla más atractiva, interactiva y conectada con los intereses actuales del público.

La articulación entre museos y zonas arqueológicas podría ser una vía para equilibrar la oferta y fortalecer el turismo cultural de manera integral.

¿Por qué importa este cambio de preferencia?

El comportamiento de los visitantes es un indicador clave para la planeación cultural. Entender qué espacios atraen más público permite ajustar estrategias, optimizar recursos y diseñar experiencias que respondan mejor a la demanda real.

Además, el turismo cultural tiene un impacto directo en la economía local. Por lo tanto, orientar adecuadamente la oferta puede generar beneficios para comunidades, prestadores de servicios y municipios cercanos a los sitios de interés.

Cultura, territorio y experiencia

La preferencia por zonas arqueológicas también refleja una búsqueda de conexión con el territorio. No se trata solo de observar objetos históricos, sino de habitar espacios cargados de significado, donde la historia se percibe de forma más tangible.

Este enfoque abre la puerta a nuevas formas de interpretación cultural, donde la narrativa histórica se complementa con recorridos, guías especializadas y actividades educativas al aire libre.

Lo que sigue

El reto para Puebla será aprovechar esta tendencia sin descuidar su amplia red de museos. Fortalecer la promoción conjunta, diversificar las experiencias y mejorar la infraestructura cultural serán claves para mantener el interés de los visitantes.

La preferencia por zonas arqueológicas no desplaza a los museos, pero sí envía un mensaje claro: el turismo cultural está cambiando. Entender ese cambio será fundamental para que Puebla continúe posicionándose como un destino con una oferta cultural sólida, atractiva y acorde a las expectativas de quienes la visitan.